A Oscar me lo he encontrado haciendo labores de reciclaje. Subir la cuesta no es un esfuerzo es, si cabe , la obligación de cualquier ciudadano de esta Villa, que por limpia es Villa que por Villa es limpia. Al "De Niro" de Sallent se le ha escapao un suspiro y con el ruido me he asustado y he acudido a verlo, pero antes de vaciarme resulta que me he sentado junto al ordenador de la entrada y allí me he enterado. Antoñete ha muerto. Muerto. Chenel. Ojos empapados, lágrimas sin enjuague y Oscar esperando.
Retorno a la calle y me encuentro, otra vez, al anticuario, que es Oscar no "De Niro" y me acerco a comprobarlo, - Oscar, Antoñete... - Ha muerto - con su voz musical de cine de antaño -, termina la frase que jamás hubiera terminado, y por mi garganta se desliza el agrio del Gin Tonic que anoche deje inacabado como por la suerte del destino, robando minutos a la vida, que para Chenel se ha terminado.
Me adentro en la tienda y me choco con las postales: entre "girones", "gallos", "parritas" me encuentro a un Antonio Chenel imberbe, en blanco y negro coloreado. ¿Cuanto cuesta? - Ahora no se, contesta Oscar blanco y hastiado, pues ponmela porque esta la enmarco.
Al toreo en blanco y negro se le ha coloreado, Chenel no pertenece a ninguna centuria, ni a ningún lustro ni a ninguna década. Antoñete es del toreo, de la tauromaquia, de la Odisea y Olimpo taurino. Se dibujan sus estampas por pares porque cada muletazo es un brochazo de arte a manos plenas. ¡ viva la Virgen de la Paloma! retumba en la Maestranza vacía cuando aquel día estaba llena.
