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Tendido 8 Cada día, su figura se rodeaba de un aura. No caía el sol, pero el juego de luces de las lunas del café, prismaban y jugaban con los perfiles de Gerardo. Para un veinteañero, una sintaxis narrativa sin saltarse el reglamento, la voz profunda y templada y la extraña finura de los movimientos con arte de un hombre curtido por la vida y una profesión de miedos superados, provocaban una extraña sensación de admiración, respeto y alteración de emociones. La secuencia se repetía cada tarde, y como si un deja vu se tratará en el preciso momento en que aparecia el torero, una persona de diferente edad se cruzaba, un paso atrás para ceder el paso y abrir la puerta como si saludara en el "paseo", con un semigiro sobre la punta de sus zapatos impecables y negros que se transformaban en mi optica en zapatillas de torear. Ni que decir tiene que vi el albero, por las multiples luces que hacián humedecer mis ojos , y que cuando se acercaba hacia la barra para oedir el cortado, Gerardo parecia estar saludando a la autoridad antes de deshacerse de su capotillo de paseo. Andares de torero, reposo de torero, caladas de torero, y el verbo de torero.