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A Oscar me lo he encontrado haciendo labores de reciclaje. Subir la cuesta no es un esfuerzo es, si cabe , la obligación de cualquier ciudadano de esta Villa, que por limpia es Villa que por Villa es limpia. Al "De Niro" de Sallent se le ha escapao un suspiro y con el ruido me he asustado y he acudido a verlo, pero antes de vaciarme resulta que me he sentado junto al ordenador de la entrada y allí me he enterado. Antoñete ha muerto. Muerto. Chenel. Ojos empapados, lágrimas sin enjuague y Oscar esperando.

Retorno a la calle y me encuentro, otra vez, al anticuario, que es Oscar no "De Niro" y me acerco a comprobarlo, - Oscar, Antoñete... - Ha muerto - con su voz musical de cine de antaño -, termina la frase que jamás hubiera terminado, y por mi garganta se desliza el agrio del Gin Tonic que anoche deje inacabado como por la suerte del destino, robando minutos a la vida, que para Chenel se ha terminado.

Me adentro en la tienda y me choco con las postales: entre "girones", "gallos", "parritas" me encuentro a un Antonio Chenel imberbe, en blanco y negro coloreado. ¿Cuanto cuesta? - Ahora no se, contesta Oscar blanco y hastiado, pues ponmela porque esta la enmarco.

Al toreo en blanco y negro se le ha coloreado, Chenel no pertenece a ninguna centuria, ni a ningún lustro ni a ninguna década. Antoñete es del toreo, de la tauromaquia, de la Odisea y Olimpo taurino. Se dibujan sus estampas por pares porque cada muletazo es un brochazo de arte a manos plenas. ¡ viva la Virgen de la Paloma! retumba en la Maestranza vacía cuando aquel día estaba llena.

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Tendido 8 Cada día, su figura se rodeaba de un aura. No caía el sol, pero el juego de luces de las lunas del café, prismaban y jugaban con los perfiles de Gerardo. Para un veinteañero, una sintaxis narrativa sin saltarse el reglamento, la voz profunda y templada y la extraña finura de los movimientos con arte de un hombre curtido por la vida y una profesión de miedos superados, provocaban una extraña sensación de admiración, respeto y alteración de emociones. La secuencia se repetía cada tarde, y como si un deja vu se tratará en el preciso momento en que aparecia el torero, una persona de diferente edad se cruzaba, un paso atrás para ceder el paso y abrir la puerta como si saludara en el "paseo", con un semigiro sobre la punta de sus zapatos impecables y negros que se transformaban en mi optica en zapatillas de torear. Ni que decir tiene que vi el albero, por las multiples luces que hacián humedecer mis ojos , y que cuando se acercaba hacia la barra para oedir el cortado, Gerardo parecia estar saludando a la autoridad antes de deshacerse de su capotillo de paseo. Andares de torero, reposo de torero, caladas de torero, y el verbo de torero.

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Deja la puerta abierta...No eso es imposible entra un baroji que deja pajarito, si entra alguien, yo le abrire. De todas formas espero que podamos charlar un poco más que ayer, con estas prisas uno no puede narrar lo que supuso aquella etapa de mi vida. El día anterior no pasó en balde. A la presencia de "Blanquito" se unió la de un empresario retirado y un plumilla sin reconocimiento.