Telecinco con Jose Tomas.

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Esencia. Jose Tomas. Nimes.

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A Oscar me lo he encontrado haciendo labores de reciclaje. Subir la cuesta no es un esfuerzo es, si cabe , la obligación de cualquier ciudadano de esta Villa, que por limpia es Villa que por Villa es limpia. Al "De Niro" de Sallent se le ha escapao un suspiro y con el ruido me he asustado y he acudido a verlo, pero antes de vaciarme resulta que me he sentado junto al ordenador de la entrada y allí me he enterado. Antoñete ha muerto. Muerto. Chenel. Ojos empapados, lágrimas sin enjuague y Oscar esperando.

Retorno a la calle y me encuentro, otra vez, al anticuario, que es Oscar no "De Niro" y me acerco a comprobarlo, - Oscar, Antoñete... - Ha muerto - con su voz musical de cine de antaño -, termina la frase que jamás hubiera terminado, y por mi garganta se desliza el agrio del Gin Tonic que anoche deje inacabado como por la suerte del destino, robando minutos a la vida, que para Chenel se ha terminado.

Me adentro en la tienda y me choco con las postales: entre "girones", "gallos", "parritas" me encuentro a un Antonio Chenel imberbe, en blanco y negro coloreado. ¿Cuanto cuesta? - Ahora no se, contesta Oscar blanco y hastiado, pues ponmela porque esta la enmarco.

Al toreo en blanco y negro se le ha coloreado, Chenel no pertenece a ninguna centuria, ni a ningún lustro ni a ninguna década. Antoñete es del toreo, de la tauromaquia, de la Odisea y Olimpo taurino. Se dibujan sus estampas por pares porque cada muletazo es un brochazo de arte a manos plenas. ¡ viva la Virgen de la Paloma! retumba en la Maestranza vacía cuando aquel día estaba llena.

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Tendido 8 Cada día, su figura se rodeaba de un aura. No caía el sol, pero el juego de luces de las lunas del café, prismaban y jugaban con los perfiles de Gerardo. Para un veinteañero, una sintaxis narrativa sin saltarse el reglamento, la voz profunda y templada y la extraña finura de los movimientos con arte de un hombre curtido por la vida y una profesión de miedos superados, provocaban una extraña sensación de admiración, respeto y alteración de emociones. La secuencia se repetía cada tarde, y como si un deja vu se tratará en el preciso momento en que aparecia el torero, una persona de diferente edad se cruzaba, un paso atrás para ceder el paso y abrir la puerta como si saludara en el "paseo", con un semigiro sobre la punta de sus zapatos impecables y negros que se transformaban en mi optica en zapatillas de torear. Ni que decir tiene que vi el albero, por las multiples luces que hacián humedecer mis ojos , y que cuando se acercaba hacia la barra para oedir el cortado, Gerardo parecia estar saludando a la autoridad antes de deshacerse de su capotillo de paseo. Andares de torero, reposo de torero, caladas de torero, y el verbo de torero.